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Recordando al maestro Faulkner a los 50 años de su muerte

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Por: Andrew Barbosa Salamanca.

El pasado 6 de julio el mundo conmemoró el aniversario número 50 de la muerte del nobel de literatura norteamericano William Faulkner. En nuestro país, su efeméride pasaría desapercibida sino fuera por el notable influjo que el escritor ejerció en la obra literaria de Gabriel García Márquez.

Y no es para menos, pues así lo relató García Márquez en su libro de memorias Vivir para contarla: “Cuando empecé a leer a Faulkner, también los pueblos de sus novelas me parecían iguales a los nuestros. Y no era sorprendente, pues éstos habían sido construidos bajo la inspiración mesiánica de la United Fruit Company, y con su mismo estilo provisional de campamento de paso. Yo los recordaba todos con la iglesia en la plaza y las casitas de cuentos de hadas pintadas de colores primarios”.

Pese a que la influencia de Faulkner en García Márquez es un hecho comprobado por el mismo nobel, su crédito ha sido brevemente reseñado por sus biógrafos, siendo muy pocas las voces de la cultura nacional que en la actualidad se atreven a comentar con autoridad tal suceso. A continuación, basados en el documento de Julio Maestre, ahondaremos en algunas referencias de la obra de Faulkner en los relatos de García Márquez:

Los estudios sobre el espectro Faulkneriano en la narrativa del nobel colombiano parecen situarse en dos posiciones, que van desde lo temático hasta la formal.

Para los temáticos (Mario Vargas Llosa, Ángel Rama Facal), la influencia de Faulkner sobre García Márquez tiene que ver más con el proyecto de una obra globalmente considerada que con detalles de técnica sobre la forma de escribir. De modo que la afinidad entre la literatura de Faulkner y la que desarrollaría el “grupo de Barranquilla” (el cual hizo parte García Márquez), fue más una conexión relacionada con una genética emanada del universo complejo de la cultura de la costa Caribe. Afirman que la verdad de este vínculo se presenta ante todo, en las similitudes entre el universo sureño, entre los conflictos del mundo y de la realidad social de las zonas que retrata Faulkner, y las que corresponden a buena parte de la civilización rural del caribe hispanoamericano.

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Otros críticos abordan lo temático a partir de la identificación de lugares y personajes comunes. Ernesto Volkening por ejemplo, relaciona las coincidencias temáticas con puntos de encuentro, como las poblaciones imaginarias de Macondo y Yoknapatawpha, pues en ellas se condensan imágenes superpuestas de infinidad de villorrios similares, como reconstrucciones ideales de lo típico insertas en una realidad compleja. Por otro lado, resalta que el coronel Aureliano Buendía encuentra su alter ego en la figura de John Sartoris. Pero la coincidencia más fuerte se presenta en que para Faulkner como para García Márquez, Yoknapatawpha y Macondo constituyen “el ombligo del mundo”, el eje en torno del cual van girando las constelaciones planetarias de su universo narrativo.

Para la tendencia formalista, críticos como Rodríguez Monegal reducen la influencia de Faulkner sobre García Márquez en el plano de la técnica, con la visión propia del novelista. Indica que el narrador colombiano ha sido capaz de hacer algo más que repetir a su maestro: “el discípulo es también un creador y no meramente un repetidor”. Agrega que la indisciplina y el caos en que suele caer Faulkner es contrabalanceado por la influencia de Hemingway. Y el estilo de éste último, que a veces deriva en trivialidad, es contrarrestado por la intensidad trágica y el humor negro de Faulkner.

Dentro de los formalistas, sobresale la línea textualista de Donald MacGrady, quien señala la evidente la relación de “Nabo el negro que hizo esperar a los ángeles” y “El sonido y la furia”; como la de “La hojarasca” con “Mientras agonizo” de Faulkner. Resalta las similitudes temáticas y técnicas entre los relatos, afirmando que el nobel colombiano utiliza técnicas narrativas aprendidas del norteamericano, profundizándolas en varios sentidos. ¨No sorprende, por tanto, que la trama de Nabo revele muchas coincidencias de detalle con El sonido y la furia la novela de Faulkner que más influyó en García Márquez¨, concluyó MacGrady.

Sin embargo, a pesar de los múltiples estudios sobre la influencia de Faulkner en García Márquez, no cabe duda que el arataqueño nunca negó su influjo durante su época más lúcida de creación literaria. Sus “jirafas” de la época barranquillera así lo atestiguan. Posteriormente, luego de una temporada de afirmaciones y negaciones, le dijo a su amigo Plinio Apuleyo Mendoza: “mi problema no fue imitar a Faulkner, sino destruirlo. Su influencia me tenía jodido”. Confesión que se enlaza con su discurso pronunciado al recibir el Premio Nobel de Literatura, al pronunciar las celebres palabras: “Un día como el de hoy, mi maestro William Faulkner dijo en este lugar: “Me niego a admitir el fin del hombre”.

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No obstante lo anterior, en Colombia poco se lee a William Faulkner. Creemos saber todo sobre Gabo, pero ignoramos todo acerca del autor que marcó su narrativa. Son tan escasas o tan simples las reseñas bibliográficas sobre su obra en los círculos literarios nacionales, que hasta su efeméride en la revista Arcadia fue apenas recordada reproduciendo un fragmento de su discurso de aceptación del nobel, menguando así el peso de grandeza de este autor norteamericano (http://www.revistaarcadia.com/libros/articulo/medio-siglo-faulkner/28949).

De mi parte debo confesar que descubrí a ese fantástico escritor gracias a la exploración desinteresada de las biografías de García Márquez, y desde entonces no hago más que leer y repasar sus relatos, al punto que al escribir los míos, siempre traspasa el fantasma de su obra en cada línea. Es tal la admiración, que a veces me deprimo al pensar en que no volveré a experimentar la felicidad que sentí cuando lo leí por primera vez: Recuerdo con afecto el cuento “Una rosa para Emily”, el cual hacía parte de un libro obsequiado por mi padre, y que contenía una separata de relatos de escritores norteamericanos. A partir de ese momento, me hice morador del condado de Yoknapatawpha.

Sea pues esta la oportunidad para rendirle un tributo a este escritor rural de historias pasionales y desoladoras, que marcó no solo a una generación de escritores, sino que definió el rumbo de muchos como lectores comprometidos.

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