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En Colombia el maltrato animal es política de Estado

z henry 1Por Henry Barbosa

En Colombia el maltrato animal es política de Estado, inclusive en un gesto total de barbarie nuestro Congreso, es decir el grupo de políticos elegidos, y pagados con nuestro trabajo y esfuerzo, se han encargado de legalizar por medio de una ley, esa forma  de tortura y maltrato animal.

La Ley 916 del 2004 no solo legaliza este tipo de conductas salvajes y crueles, sino que establece un reglamento para la realización de las corridas que “rige en todo el territorio nacional”, e inclusive de manera sarcástica cataloga el acto taurino “como una expresión artística del ser humano”.

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La Corte Constitucional, otrora compuesta por lo más selecto del conocimiento de la justicia y del derecho, hoy integrada por magistrados cuyo mérito es representar las ideologías políticas y los intereses económicos de los que ostentan el poder en Colombia, al declarar exequible la Ley expresó que mientras exista en Colombia una ley que autorice y reglamente las corridas de toros, las autoridades municipales están en el deber de compilarla y facilitar la realización de ese tipo de espectáculos.

Y para complementar semejante vergüenza, ordena que si bien se pueden tomar medidas para evitar sufrimientos innecesarios, las autoridades no pueden “interferir con el rito taurino”: esto es, no pueden oponerse a la muerte del toro sin que haya una ley que así los faculte y que en este momento no existe en el país.

Recientemente, a finales de agosto de 2014, basándose en esta Ley y en un absurdo y polémico fallo, la Corte Constitucional gracias a una ponencia presentada por el exsecretario de Álvaro Uribe Vélez y hoy magistrado, Mauricio González Cuervo y del voto positivo del costeño Gabriel Mendoza Martelo, ordenó revivir las corridas de toros en la Plaza de la Santamaría de Bogotá.

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Por eso no es extraño que en Turbaco, una partida de dementes, completamente ebrios, en una orgia de sangre y alcohol, arriesgando la vida por unas cuantas monedas que de manera humillante les arrojan desde las graderías de palo, en un acto total de barbarie, hayan torturado hasta la muerte con cuchillos, piedras, palos, vidrios y patadas a aun indefenso animal ante la vista y la alegría de los espectadores.

Después de ver este tipo de comportamientos, se entiende en parte como los paramilitares en algunas zonas del país pudieron realizar masacres, degollamientos, violaciones, desmembramientos y desplazamientos sistemáticos contra una población inerme, mientras gran parte de la sociedad permaneció en silencio y los encubrió en un acto de total impunidad,  y aun hoy, se escuchan voces de apoyo e inclusive eligen a los ideólogos de semejante carnicería.

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No es extraño entonces que una partida de “bazuqueros y mariguaneros” brinquen de alegría cuando un matador vestido de rosado, puye y acuchille de manera salvaje hasta producir la muerte a un animal que en medio del dolor y la sangre, no puede entender la bulla y la alegría de estos psicópatas que llenos de cocaína y botas de manzanilla, desde las graderías gritan “oles” al ritmo de pasodobles españoles.

Como colofón quedan las disculpas del Alcalde de Turbaco, que atribuyó el escándalo a que las corralejas son para gente estrato uno, y las corridas de toros son para gentes estrato cinco y seis.

A si de mal estamos.

henrybarbosa@outlook.com

Enero 7 de 2015

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