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El Síndrome de Procusto o la colección de imposibilidades para salir de la degradación política en Suacha

Por: Andrés Jiménez[1]

Procusto o Damastes era uno de los hijos del dios Poseidón, según narra la mitología griega. Trabajaba como posadero del Ática en lo alto de las colinas, ofreciendo alojamiento a los viajeros solitarios. Una vez que entraban en su casa, eran invitados a tumbarse en una cama de hierro. Después de atarles y amordazarles, les cortaba las partes del cuerpo que sobresalían de la estructura para que cubrieran la cama si eran de estatura pequeña.                                                    Esta historia terrorífica no acabó hasta que Teseo mató a Procusto[2].

El escenario político en #Suacha es frustrante, sin embargo, puede ser una muestra a escala local de cada imposibilidad presente a nivel nacional, o global, de cada traumatismo que implica la democracia. La presente disertación pretende ir más allá de las cábalas electorales que se consumen en cafeterías por estos días en la ciudad y busca un análisis inicial de algunos problemas permanentes que carcomen los procesos electorales suachunos.

A continuación presento una colección de imposibilidades que se han cimentado en Suacha y no nos permiten salir de la degradación política. Bienvenidos los aportes.

La imposibilidad de llamar a la degradación política de Suacha por su nombre

Los problemas políticos en Suacha tienen nombre propio y existe una resistencia a nombrarlos. Se llega a ellos con preguntas como ¿Quién es él o la Jefe de Eleazar o del alcalde de turno?, ¿Los contratos que se entregan en la Alcaldía son votos para cuales candidatos?, ¿Cuál es el exalcalde que lidera los procesos de construcción en la ciudad?, ¿Quién se encuentra a la sombra de la adjudicación de grandes y costosos procesos, como es el caso de los grandes festivales o las grandes construcciones?

Las preguntas se multiplican y las respuestas son cada vez más claras, se fortalece la hipocresía, y se alimenta el mito que afirma la imposibilidad de una transformación sin nombrar a los de siempre: Los Chávez, los Nemocón, los López, los Ramírez, los Saldarriaga, los Zorro.

La imposibilidad de emplearse sin degradarse

Una fórmula matemática para explicarlo. Usted recibe un contrato en la Alcaldía y/o sus instituciones por el “favor” de un o una concejal o del Alcalde, o de algún diputado o congresista, quizá el gobernador. En ese empleo debe cumplir horarios.

En una jornada normal como contratista a usted, a pesar de no tener la obligación de cumplir horarios, lo obligan a cumplir un horario que va de 8 am a 5 pm, lo que equivale a 9 horas de trabajo al día, 45 horas a la semana, entre 180 y 225 horas al mes; menos dos horas de almuerzo al medio día, es decir,  7 horas al día, 35 a la semana, entre 140 y 175 al mes; menos 1 hora de tinto en la mañana y 1 hora de tinto en la tarde, es decir, 5 horas al día, 25 a la semana, entre 100 y 125 al mes; menos 2 horas al día atendiendo los asuntos del político que le “ayudo” con su contrato, es decir, 3 horas al día, 15 horas a la semana, entre 60 y 75 horas a la semana.

Construido por el autor a partir de ejercicio de observación a las labores realizadas a un contratista promedio en cualquier organización pública estatal colombiana.

Sin importar finalmente qué tan productiva sea la hora/día por cada contratista, pero aclarando que no se trata de totalizar la labor de cada contratista en la administración pública, es necesario reflexionar sobre el impacto de dicho suceso en los recursos públicos de la ciudad, en la calidad de los servicios prestados por cada área y el impacto efectivo que ese contratista pueda lograr en la ciudadanía y sus problemas públicos.

¿Hemos reflexionado por el daño de la degradación política en la administración pública local?, ¿Cuántos concursos públicos se hacen para nombrar a cada persona que colabora con la alcaldía municipal y sus instituciones?, si no es por medio del “favor” del personaje político hacia el contratista ¿Cómo más se conseguiría un trabajo en las instituciones públicas de Suacha y Cundinamarca?, ¿Existe idoneidad en el servicio público local?

¿Quién le quita a estos políticos la capacidad de nombrar a dedo a sus contratistas?, quienes se convierten luego en sus votantes obligados y que de allí, al mejor estilo de un círculo vicioso y/o una pirámide, se configura en el funcionamiento más vicioso de la administración pública en un municipio, para prestarse un servicio público con la menor calidad y ética posible.

La imposibilidad de votar secretamente

Entonces el voto es un asunto descaradamente público, masivo, colectivo e industrial. Invitaciones de la Representante a la Cámara a su fiesta de campaña, con boletas numeradas y con el compromiso de los directivos de las instituciones públicas locales, de llevar estricto registro, numerar a los asistentes, y persuadir/obligar a sus colaboradores (todo un equipo de trabajo) de asistir y votar, con clara comprobación de que también sus familiares y vecinos votaron, por esa candidatura que tiene la capacidad de conseguirle o terminarle un contrato en la alcaldía, a cambio del voto secreto para la Democracia pero público para la industria electoral.

El voto es público en Suacha, además es calculado, monitoreado, y posiblemente, antes de terminar las jornadas electorales, ya enumerado; la votación de cada candidatura es sabida por registros notariales.

Si el voto es público, y tiene nombre propio ¿Por qué los problemas de Suacha no pueden ser mencionados con el nombre propio de su responsable?, ¿Cada problema de Suacha puede ser caracterizado por la forma en que cada candidatura hace su campaña, por como construye su proceso de dimensiones industriales? ¿Las campañas electorales, en la ciudad, ya han desarrollado tiempos precisos, procesos delimitados, responsables de cada eslabón, con productos medibles y tangibles, con incentivos y premios? ¿Es todo un proceso industrializado? ¿El voto es libre, consiente y secreto?, ante sus incapacidades para asumir otra actividad económica, ¿Las elecciones son su empresa?

La imposibilidad de retirarse de los cargos de elección popular, donde no se ha construido nada en décadas

Cuando se ha construido un proceso electoral de dimensiones industriales, por medio del cual se sostiene la fachada de una carrera política (que no ha arrojado resultados públicos comprobados ni medibles a escala comunitaria, pero sí a escala clientelar con familiares y amigos), se necesita amarrar, encadenar y esclavizar en cargos, en contratos y en las profundas necesidades socio económicas, a las únicas personas que tienen la capacidad de ponerlos y quitarlos. La empresa electoral esclaviza a sus votantes para poder perpetuar al candidato o candidata, pero también enajena, y genera la codependencia. El uno depende del otro.

En Suacha y quizá en todo el país (pero además en el centro del sistema de representación política electoral), se encuentra cimentada la carrera política electoral de personas que se han agigantado a partir de industrializar el voto de personas de bajos recursos, que se encuentran con nulas posibilidades laborales o anclados en las desigualdades socio – económicas, que les obliga a negociar su capacidad de elección por favores coyunturales e inmediatos. Pero también se industrializo el voto del mediocre que logra codependencia del político para mendigarle cargos e ingresos económicos.

Esos políticos deben retirarse, hacerse a un lado, entender que durante cada año que se han sentado en las corporaciones y en las instituciones públicas, lo único que han podido alcanzar son sus propiedades privadas, el éxito de sus familiares, mientras que en la ciudad se agudiza la precarización, se profundizan las necesidades sociales y mueren envenenadas las esperanzas de cambio.

¿Cuántos votos necesitan para que los hijos de estos políticos estudien en universidades privadas, mientras que sus votantes se encuentran en los barrios sin agua?, ¿Cuántos votos se necesitan para que puedan pagar sus grandes camionetas y sus grandes casas, mientras sus votantes están en los barrios con goteras y sin cerraduras seguras?, ¿Cuántos votos necesitan para que ganen millonadas sin pisar una universidad, mientras sus votantes deben humillarse por un cupo para sus hijos en los colegios de baja calidad con los que ustedes negocian votos y convenios educativos?

La imposibilidad de nombrar otros nombres

Pero imagínense que llegan nuevos actores, que han logrado construir sus procesos lejos de esa degradación y cada imposibilidad mencionada, que se acercan a los escenarios políticos electorales sin esos “favores” electorales, y que sus posibilidades crecen en la medida en que decrece la imagen de los nombres de esas personas que hicieron de la política electoral su empresa con lógica industrial. Las envidias se desnudan, y el Síndrome de Procusto se apodera de Suacha.

Llegan las calumnias, los ataques a su imagen y procesos, las divisiones de poca perspectiva enfocadas en construcciones individuales y los saboteos se toman las reuniones donde se supone que debe buscarse la articulación, que reconozca la diferencia pero que articule desde el mínimo que vincula. El objetivo conjunto consiste en arrebatar de los escenarios tales imposibilidades y sus responsables con nombres propios.

¿Qué logran generando la división de los nuevos procesos?, ¿Esas divisiones que propician terminan siendo favores para la industria electoral que hoy condiciona el voto de miles de habitantes?, ¿Por qué no se destapan de una vez por todas, y toman la posición de quienes están buscando trabajo en la próxima administración y busca agradar al candidato tradicional para verse favorecido por un contratico o un premio?, ¿Por qué no buscamos el espacio y nos sentamos, conversamos y construimos sobre los mínimos que nos vinculan?

La imposibilidad de lo posible

Es posible llamar por su nombre a los problemas de Suacha. Es posible que los sectores independientes y alternativos nos articulemos. Es posible que podamos leer un escenario político que entregue posibilidades para nuevos actores, libres de las imposibilidades de la degradación política. Es posible que podamos ser Teseo, y podamos quitarle el poder a Procusto.

Dejemos de votar en la industria electoral de Betty Zorro, de Eleazar, de Nemocón, de Saldarriaga, de Chávez, de López, de los Ramírez o de los Perico. Denunciemos en cada escenario público la compra de nuestros votos. Hagamos un listado de aquellos politiqueros que nos han entregado algo a cambio de nuestro voto, y denunciemos antes de que salgan de nuevo a campaña. Bienvenida la transformación, pero esa transformación nos debe costar compromiso y debe venir desde cada rincón de la ciudad.

Es posible la articulación entre la Alianza Verde, la Suacha Humana y Decente, la Unión Patriótica, el Polo Democrático y cada una de las fuerzas que jalonó desde lugar en las pasadas elecciones presidenciales, que nos sentemos y tejamos la agenda de los próximos 20 años en Suacha, a partir de reconocernos y construir desde los mínimos que nos vinculan.

andres.jimenez508@esap.gov.co

[1] Miembro fundador del Partido Alianza Verde en Suacha y Cundinamarca. Docente e Investigador Universitario. Miembro del Comité independiente #SuachaVota7VecesSí@andresjimenezab @laporqueria1 @DyRLoPúblico.

[2]Tomado de http://feuso.es/images/docs/informa/FEUSOSALUD-LABORAL563.pdf

Enero 8 de 2018

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Escrito por en 8 enero, 2019. Archivado en OPINIÓN. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.