Nubes de espuma tóxica afectan comunidades del municipio de Mosquera (Cundinamarca)

Una nube de espuma tóxica que parece inofensiva, pero que en realidad se trata de una acumulación masiva de contaminantes, desde hace varios días tiene en jaque a toda la población ribereña del río Balsillas en el municipio de Mosquera (Cundinamarca). Según estudios, la exposición a estos químicos produce daños a la fauna e irritación en la piel humana.

La inmensa capa de espuma tóxica se ha derramado y soplado desde el río contaminado hasta las viviendas, rompiéndose a menudo en trozos parecidos a nubes que se desplazan con el viento por las calles y los patios.

Después de los llamados de la comunidad hasta ahora las autoridades medioambientales se han preocupado para averiguar las causas del fenómeno, atribuyendo la aparición de la fétida espuma a los vertidos de una zona industrial aledaña y a los detergentes domésticos en la ciudad.

Lo preocupante es que el fenómeno no es nuevo, desde hace varios años, los residentes del sector de Los Puentes en el municipio de Mosquera se han acostumbrado a la aparición de una espuma maloliente en el río Balsillas, adonde llegan las aguas residuales sin que la Alcaldía de Mosquera, ni la Gobernación de Cundinamarca, tomen cartas en el asunto.

Gonzalo Roa, que vive en el barrio de Los Puentes desde hace 40 años, culpó a la contaminación de causar problemas respiratorios a los niños. «Llevamos muchos años con esta situación«, dijo.

Crecimiento de la «blanca pestilencia»

Con la llegada de la temporada de lluvias el río colapsó y las aguas cargadas con desechos quedaron represadas en este punto. La «blanca pestilencia» fue creciendo hasta invadir las casas rivereñas.

«Esto es producto de la contaminación, de la mala disposición de los residuos, materiales, animales muertos, basura, grasas y detergentes«, explicó Sergio Valero, director de gestión del riesgo de la Alcaldía de Mosquera, municipio de la cuenca baja del rio Bogotá, que recoge los desechos en su curso por el límite occidental de Bogotá.

«El olor es terrible, nos hemos tenido que aguantar muchísimo tiempo con esta espuma«, se quejó ante los medios de comunicación Luz Mariela Gómez, líder social de Los Puentes.

Turbulencias en el agua contaminada

Según Luis Alejandro Camacho Botero, experto en hidráulica ambiental de la Universidad de los Andes, la espuma suele crearse cuando un estrechamiento del río o un puente crean turbulencias en el agua contaminada.

Problemas similares existen a lo largo de otros ríos, incluido el río Bogotá, según Camacho Botero, quien advirtió además que traerán problemas de salud pública si no se controlan.

Edwin García, director del laboratorio ambiental de la región de Cundinamarca, dijo que las autoridades están tratando de controlar y reducir el problema y han instalado una planta de tratamiento de aguas.

Altas cargas de materia orgánica y tensoactivos

Las autoridades ambientales aseguran que la espuma se forma porque el Balsillas, un afluente del río Bogotá, arrastra «altas cargas de materia orgánica y tensoactivos«, como se conoce a los detergentes, lavalozas, shampoos y otros productos de aseo doméstico que terminan en las alcantarillas.

La exposición prolongada a estos químicos puede producir daños a la fauna acuática e irritación en la piel humana, según estudios científicos.

Varias canteras, cultivos de flores y zonas residenciales de las afueras de Bogotá vierten sus desechos sin tratar al Balsillas, advierte en varios documentos la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), autoridad ambiental de la zona.

Mientras aparentemente se inician labores para mitigar el problema ambiental, la fétida espuma sigue creciendo y ya obstruyó el camino que lleva a la escuela de la zona.

«Corremos peligro. Llega a caerse alguien ahí y no lo podemos encontrar«, advirtió preocupada una residente del sector.

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