SOACHA: Un cabildo con más preguntas que respuestas

Por Ángel Humberto Tarquino**

El Cabildo Municipal realizado el pasado 25 de julio dejó una sensación difícil de ignorar: más que ofrecer certezas sobre el futuro del bienestar de sus ciudadanos, puso en evidencia profundas dudas sobre la calidad de la participación democrática y el rumbo que podría tomar el nuevo POT que definirá las características del desarrollo de la ciudad de Soacha para los próximos años.

La escasa asistencia de ciudadanos contrastó con la presencia organizada de colectivos ambientales, culturales, indígenas, juveniles y de mujeres, cuyos representantes acudieron con el propósito de presentar propuestas, recomendaciones y críticas construidas durante semanas de trabajo colectivo. Esta diferencia no solo evidenció quiénes mantienen un compromiso activo con la defensa del territorio, sino también la creciente distancia entre la ciudadanía y las instituciones de representación política.

La baja participación ciudadana puede interpretarse como un reflejo de la pérdida de confianza en el Concejo Municipal. Sus pobres resultados en materia de gestión, la debilidad del control político y la reiterada aprobación de proyectos que numerosos sectores consideran lesivos para la sostenibilidad ambiental y territorial han deteriorado la credibilidad de la corporación.

Para muchos ciudadanos, el Concejo parece despertar únicamente durante las campañas electorales, cuando entran en funcionamiento las tradicionales estructuras clientelistas destinadas a garantizar la permanencia de los mismos sectores políticos en el poder.

A este panorama se sumó una decisión que despertó inquietudes sobre las garantías democráticas del Cabildo. Mediante una circular interna, la corporación prohibió, sin un fundamento jurídico claro, el ingreso de algunos afiches relacionados con el POT. La medida limitó la libre expresión de los asistentes, pese a que el contenido de dichos materiales no contenía expresiones ofensivas contra personas, partidos o funcionarios, sino cuestionamientos legítimos sobre el modelo de ordenamiento territorial propuesto.

Las restricciones no terminaron allí. Desde el ingreso al recinto, los asistentes fueron sometidos a estrictos controles de seguridad, requisas y vigilancia permanente por parte de autoridades policiales y funcionarios de la administración. Incluso el acceso a los baños públicos estuvo bajo supervisión. La constante observación sobre los participantes, incluidos algunos representantes de medios de comunicación debidamente acreditados, generó un ambiente de desconfianza que poco contribuyó al ejercicio libre de la participación ciudadana.

Durante el desarrollo de la jornada también resultó evidente la actitud displicente de buena parte de los concejales. La falta de atención a las intervenciones, el desinterés por registrar las propuestas ciudadanas y la escasa interacción con los ponentes, fueron interpretados por muchos asistentes como una muestra de irrespeto hacia el trabajo realizado por quienes dedicaron tiempo y esfuerzo a preparar sus exposiciones, motivados por la preocupación por el futuro del territorio.

Uno de los puntos de mayor coincidencia entre los participantes fue la crítica al proceso de actualización del POT. Después de veinticinco años sin una implementación efectiva del plan anterior, se esperaba un ejercicio ampliamente participativo y con una visión de largo plazo. Sin embargo, numerosas intervenciones señalaron que las comunidades de distintos sectores fueron insuficientemente vinculadas, lo que compromete la legitimidad política del documento.

Las preocupaciones expresadas fueron más allá de la forma y se concentraron en el contenido mismo del proyecto. Diversos sectores advirtieron que el nuevo POT vuelve a privilegiar el cambio de usos del suelo para favorecer la expansión urbana y el desarrollo de proyectos inmobiliarios, relegando la protección de recursos estratégicos indispensables para la sostenibilidad del municipio. El agua, los humedales, los ecosistemas y la biodiversidad aparecen subordinados a intereses económicos que podrían comprometer el bienestar de las futuras generaciones.

Finalmente, llamó la atención la ausencia de varios dirigentes políticos que han manifestado su intención de aspirar a la alcaldía en las próximas elecciones. Resulta paradójico que quienes aspiran a gobernar el municipio no hayan considerado prioritario participar en uno de los escenarios más importantes para conocer el estado del territorio que pretenden administrar dentro de año y medio.

Más allá de las conclusiones oficiales que pueda dejar el Cabildo, la jornada evidenció una realidad inquietante: la democracia local no puede reducirse al cumplimiento formal de un mecanismo de participación. Cuando las voces ciudadanas encuentran obstáculos para expresarse, cuando las propuestas son recibidas con indiferencia y cuando el debate sobre el futuro del territorio parece inclinarse hacia intereses particulares antes que, hacia el bien común, la confianza en las instituciones continúa erosionándose. Recuperarla exigirá mucho más que convocar nuevos cabildos; requerirá voluntad política para escuchar, deliberar y gobernar de cara a la ciudadanía.

ahtarquinog@gmail.com

**Ángel Humberto Tarquino (Soacha, 1960), sociólogo, docente, escritor, historiador, periodista y columnista de SOACHA ILUSTRADA.