Soacha está de luto pero además profundamente indignada  

Por Andrés Jiménez

El asesinato de Smith Mina Lara, Sarhay Jiménez Mina, estudiantes del colegio público Las Villas, y de una mujer de 53 años presuntamente también miembro de su familia, ocurrido dentro de su propia vivienda en el barrio Los Cerezos de la comuna 6, no puede pasar desapercibido como un hecho mediático que se acumule al finalizar el día.

De fondo tenemos: familias soachunas asustadas, madres que hoy lloran a sus hijos y una comunidad intranquila, tranquilidad que no se garantiza con un contrato de un alumbrado público.

Sin embargo, mientras en Socha las noticias de índole violenta y desgarradora se nos volvieron paisaje, el alcalde y el gobernador posan en un “empalme territorial” que refuerza dinámicas faranduleras que aseguraron el “triunfo” del actual presidente electo ADLE.

Como hijo del territorio, de un hogar Suachuno, como ciudadano, uno espera que, frente a una tragedia de esta magnitud, el alcalde y el gobernador se posicionen contundentemente frente a la situación, que acompañen oportunamente y dignifiquen el dolor de las víctimas. Eso es gobernar.

Un alcalde y un gobernador que no se indignan por la ridiculización de la memoria histórica del territorio por parte de ADLE, desconociendo las cicatrices y dolores sociales acumulados, son gobernantes que no lograron entender que gobernar se trata de defender la vida, que la constitución es sagrada y que las comunidades les dieron el voto para la defensa de su dignidad, no para que sean participes de una vil comedia orquestada por el presidente electo cuya preocupación principal es la construcción de una réplica de la casa blanca gringa por encima de la dignidad y soberanía del pueblo colombiano.

Un bloque de seguridad en Soacha, nos devuelve a los días de persecución a la ciudadanía, a las camionetas negras con encapuchados que requisan jóvenes asumiéndolos como objeto de sospecha, a los días de los falsos positivos de la seguridad democrática.

En Soacha los problemas estructurales van más allá de militarizar los espacios que deberían darnos la tranquilidad de que no nos van a matar, pero además con las garantías para vivir con dignidad en Soacha.

La seguridad es indispensable, pero Soacha necesita una mirada amplia, estructural, compleja, con horizontes claros.

Necesitamos oportunidades para los jóvenes, educación superior para incentivar la investigación, el empleo digno y con contratos que no atiendan a los intereses particulares del alcalde, salud digna y oportuna, protegernos de los proyectos de construcción masiva de viviendas sin equipamientos completos y justos, y estrategias integrales que protejan a nuestras familias.

Debemos reconocer en voz alta que en los últimos años el Gobierno de Petro sí miro con la dignidad y la altura necesaria a Suacha, impulsando inversiones y programas enfocados en educación superior, alimentación escolar, salud, protección social y otras políticas públicas integrales que permitieron la participación activa de la ciudadanía.

Las madres de Soacha no necesitan que los gobiernos “hagan dos cosas para enamorar a Soacha”. Necesitan garantizar que sus hijos volverán sanos y salvos a casa después del colegio.