PACTO HISTÓRICO: oposición en modo ensayo

Por Henry Barbosa

La oposición colombiana atraviesa una crisis curiosa: tiene Congreso, tiene bancada, tiene motivos para criticar al Gobierno y hasta tiene derecho a réplica. Lo que parece no tener es claro qué hacer con todo eso. De pronto descubrió algo revolucionario: que para hacer oposición también hay que hacerlo bien.

Y esta semana consiguió algo todavía más difícil: convertirse en noticia por sus propios errores.

Primero fue el espectáculo de las piñas coladas, los flotadores y los balones de playa en el Congreso para protestar contra el ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán. La idea era denunciar que el funcionario se hubiera ido a la playa mientras el país enfrentaba la emergencia provocada por el terremoto del 10 de agosto.

La moción de censura, como era de esperarse, terminó archivada por una ultraderecha enceguecida por el poder, prepotente y envilecida, a la que poco le importan la suerte, el sufrimiento y el dolor de los damnificados por el terremoto. A la oposición a cambio, le quedó un performance digno de creadores de contenido e influencers, más preocupados por las cámaras, los clips y los likes que por las víctimas. Porque si no se puede tumbar al ministro, al menos que quede buen contenido para TikTok.

Como si faltara una segunda temporada del desastre, apareció Gustavo Petro reclamando su derecho a réplica con un video grabado en un aeropuerto, celular en mano, sin micrófono, frente a un enorme vidrio y con aviones estacionados detrás. Petro hablaba de cifras y pedía observar un tablero que, nadie podía observar porque el tablero no estaba allí. Fue una especie de realidad aumentada sin realidad y sin aumento.

Carlos Carrillo calificó la producción como un desastre. Gustavo Bolívar confirmó que pudo ser peor.

El expresidente tenía una oportunidad para hablarle al país sobre el manejo de las finanzas públicas. Un espacio escaso, apenas tres veces al año. Era, en términos políticos, una ventana de oro.

La tragedia es que Petro conoce perfectamente el poder de la comunicación política. Durante décadas construyó buena parte de su liderazgo alrededor de discursos, denuncias, investigaciones y confrontaciones públicas. Pero ahora parece estar descubriendo que las redes sociales tienen una regla cruel: el mensaje puede ser histórico y aun así parecer grabado en la fila de una terminal de buses.

El problema no termina en Petro, también está con la bancada.

El Pacto Histórico llegó al Congreso con una plataforma enorme para hacer oposición. Pero en lugar de aprovecharla para construir una estrategia de control político sostenida, algunos de sus integrantes parecen haber descubierto una fórmula mucho más sencilla: convertir cada indignación en contenido.

El problema es que una oposición que alguna vez se hizo fuerte buscando documentos, investigando contratos y siguiendo pistas de corrupción parece estar descubriendo ahora las virtudes del algoritmo: si no hay investigación, por lo menos que haya clips y me gusta.

La izquierda tiene una bancada grande y suficientes escenarios para hacerle control político al Gobierno. Pero por ahora parece estar confundiendo oposición con producción de contenido.

Antes buscaban pruebas.

Ahora buscan clics. Una paradoja que empieza a hacerse visible en la oposición colombiana.

Eso explica también la aparición de voces dentro de la propia izquierda reclamando una estrategia más seria. Algunos sectores han pedido investigaciones, derechos de petición, debates y seguimiento a la contratación pública, los recursos naturales y las decisiones del Gobierno de Abelardo de la Espriella.

Piden a senadores y representantes que sean serios y trabajen, así no tengan muchos likes en Instagram o Facebook.

Y así, mientras el Gobierno gobierna, la oposición parece cada vez más inclinada a la lógica del espectáculo, la improvisación y la política de la imagen.

henrybarbosa@outlook.com

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