Duque, Guaidó, los Rastrojos y la “casa de Nari”

Por Henry Barbosa

Entre los años 2002 y 2010, en pleno apogeo del gobierno de Álvaro Uribe Vélez se desató un escándalo mayúsculo, la Casa de Nariño, se convirtió en un centro de reuniones de altos funcionarios del “primer anillo” del presidente Álvaro Uribe Vélez y narcoparamilitares, que fraguaban planes contra magistrados de las cortes, periodistas, críticos del Gobierno y dirigentes políticos de la oposición.

Así lo reconoció, María Victoria Parra, fiscal delegada ante la Corte Suprema de Justicia, en el juicio que se adelantó en esta importante corporación a María del Pilar Hurtado, ex directora del DAS, prófuga de la Justicia extraditada de Panamá, y Bernardo Moreno, ex secretario administrativo, en el proceso conocido como de las chuzadas del DAS.

En esa ocasión, la fiscal dijo sin sutilezas, que “la Presidencia de la República fue una empresa criminal que tuvo vocación de estabilidad y permanencia”. Según ella misma, “Moreno y Hurtado adhirieron a una organización criminal constituida desde la Presidencia de la República para cometer delitos contra servidores públicos y particulares”.

A la Casa de Nariño, durante la segunda administración uribista, se le conoció como “Casa de Nari”, después de que en abril de 2008 se desató un escándalo al conocerse que funcionarios cercanos al Presidente recibieron visitas de delegados de narcotraficantes y jefes del temible grupo paramilitar Cacique Nutibara.

Al salir de la sede presidencial, «alias Job«, un narcoparamilitar desmovilizado, conversó, vía celular, con otro narcoparamilitar y le reportó que “aquí estamos saliendo de la Casa de Nari”. Desde entonces se le dio este nombre, durante el gobierno de Uribe, a la flamante Casa de Nariño, convertida en epicentro de reuniones con paramilitares y mafiosos. Job fue asesinado tres meses después de esta reunión en oscuras circunstancias.

Juan Guaidó, autoproclamado presidente de Venezuela, fue recibido con todos los honores, por el subpresidente Iván Duque. Con estupor todos los colombianos vieron como este sujeto desfilaba a plena luz del día sobre un tapete rojo y era recibido como jefe de Estado en las puertas de la otra vez “Casa de Nari”.

Al subpresidente Duque no le importó que se publicaron las fotografías de los vínculos de Guaidó con el peligroso grupo narcotraficante y paramilitar de Los Rastrojos.

El día 23 de febrero de 2018 Guaidó apareció del lado colombiano de la frontera para presionar la entrega humanitaria a Venezuela, en ese momento circuló la versión que el gobierno de Iván Duque había puesto todo el despliegue militar y diplomático para entrarlo a Colombia. Sin embargo, meses después el director de la ONG Progresar, Wilfredo Cañizares, reveló fotografías de Guaidó posando junto a los temibles jefes de Los Rastrojos en el Catatumbo: Jhon Jairo Durán Contreras, «alias Menor«, y Albeiro Lobo Quintero, «alias Brother«.

El 12 de septiembre de 2019 Cañizares publicó en su cuenta de Twitter, “El operativo de ingreso a Colombia de @jguaido para el concierto del 23 de feb se realizó por Puerto Sder coordinado por paramilitares de los Rastrojos, quienes montaron una operación candado desde Guaramito a Agua Clara, hasta cuando llegaron funcionarios públicos a recogerlo”.

Tenemos los relatos de la comunidad, en donde nos cuentan cómo paramilitares de los Rastrojos, los obligaron a encerrarse durante 24 horas, hasta cuando el sr @jguaido llegó a Agua Clara y fue recogido por funcionarios de la alcaldía de Cúcuta y de la gobernación”.

Una tercera foto fue publicada por el director de la Fundación Progresar, Wilfredo Cañizares, en la que aparece Guaidó con Hernando Iván Posso, “alias Nandito”, el día que cruzó la frontera en febrero de 2018, “Nandito” presuntamente sería uno de los jefes financieros de Los Rastrojos en el sector de Boca de Grita. Según Cañizares, a “Nandito” los propios paras intentaron asesinarlo, y aunque logró escapar, mataron a cuatro de sus familiares.

Los Rastrojos son un grupo nacido del narcotráfico y vinculado con el paramilitarismo. Actualmente, a sus miembros se les busca por continuos delitos de extorsión, desplazamiento, tortura y asesinato. A este grupo también se le vincula como presunto responsable de la muerte de varios líderes sociales asesinados desde 2016 hasta la fecha en Colombia.

Así las cosas, la “casa de Nari”, nos hace recordar nuevamente esa etapa oscura de su historia, la única diferencia es que sus ocasionales visitantes antes lo hacían por los sótanos, ahora lo hacen a la luz del día y con tapete rojo incluido.

henrybarbosa@outlook.com

Febrero 3 de 2020

* Las opiniones expresadas en este artículo de opinión son del autor y no de SOACHA ILUSTRADA.