Soacha: el destino natural e histórico que renace como joya turística de Cundinamarca

Ubicada en el corazón de Cundinamarca, Soacha emerge como un tesoro turístico con paisajes únicos, biodiversidad sorprendente y más de 12.000 años de historia que invitan a explorarla. Con cuatro ecosistemas y un legado arqueológico invaluable, este municipio ofrece experiencias para todos los gustos, edades y capacidades.

Soacha no es solo un municipio aledaño a Bogotá: es un enclave natural e histórico que guarda entre montañas, neblinas y humedales una riqueza turística poco explorada. De sus 184,45 kilómetros cuadrados, apenas 19 corresponden al área urbana, lo que lo convierte en un verdadero paraíso ecológico con múltiples rutas para el ecoturismo, el senderismo, el avistamiento de aves y la arqueología.

Con límites con Mosquera, Sibaté, Granada, Pasca, Bojacá, San Antonio de Tequendama y la capital, Soacha destaca por sus cuatro ecosistemas: bosque andino, páramo, humedales y bosque seco tropical. Esta diversidad lo convierte en uno de los territorios más completos para el turismo ambiental en Colombia.

Ecoturismo en las alturas: páramos y bosques de niebla

Las veredas Cascajal, El Charquito, Canoas y San Francisco permiten el acceso a bosques de niebla donde el silencio matutino se interrumpe solo con el canto del chivito paramuno y la alondra cornuda. Estos senderos, situados entre los 2.400 y los 3.200 metros sobre el nivel del mar, conducen a maravillas naturales como los parques Chicaque y Boquemonte, donde se ofrecen caminatas guiadas, avistamiento de aves y actividades para compartir en familia.

Las veredas de Fusungá, Panamá, Alto del Cabra, San Jorge, Hungría y Romeral son ideales para vivir esta experiencia en primera persona y sentir el ecosistema de páramo y subpáramo, donde la experiencia se completa con planes turísticos que incluyen alimentación, bebidas calientes y guías especializados para garantizar una inmersión completa en la naturaleza.

Soacha: cuna de historia milenaria

El turismo cultural también tiene un lugar privilegiado en Soacha. Este municipio de Cundinamarca alberga vestigios arqueológicos que revelan formas de vida anteriores a la conquista española, lo que lo convierte en un referente clave para entender el pasado prehispánico de Colombia. Sitios como el Museo Arqueológico de Soacha y el Parque Ecológico La Poma son paradas obligatorias para los amantes de la historia y la antropología.

En La Poma no solo se pueden conocer los antiguos secretos de las civilizaciones que habitaron la región hace más de 12.000 años, sino también ser testigos de una transformación ambiental ejemplar. Allí avanza la restauración del bosque seco tropical, un ecosistema que ha sido recuperado gracias al programa Hojas Verdes, una iniciativa que desde 1997 ha logrado plantar más de 80.000 árboles nativos con el apoyo de la Cámara de Comercio de Bogotá y la Corporación Ambiental Empresarial.

Este espacio representa una combinación única entre memoria ancestral y sostenibilidad ambiental, ideal para quienes buscan un turismo con propósito, en contacto con la historia y comprometido con la conservación del medioambiente.

Humedales: memoria viva de un lago ancestral

Con humedales como Neuta, Tierra Blanca, Pantano de Uche, Terreros y Tibanica, Soacha se convierte en uno de los pulmones hídricos más importantes del país. Estos ecosistemas, ricos en biodiversidad, permiten observar más de 145 especies de plantas vasculares y son clave para entender la evolución del territorio desde la época en que Bogotá era un gran lago hace 20.000 años.

El Salto del Tequendama: símbolo patrimonial de Colombia

Hablar de Soacha es hablar del imponente Salto del Tequendama, una de las cascadas más emblemáticas de Colombia, cuya caída libre de aproximadamente 157 metros sobre el río Bogotá cautiva por igual a turistas, científicos y amantes de la historia. Ubicada en la zona rural del municipio, a tan solo 30 kilómetros al suroeste de Bogotá, esta maravilla natural es reconocida como uno de los sitios turísticos más representativos del país.

Desde tiempos precolombinos, el Salto ha sido punto de referencia geográfico y espiritual. Además de su valor paisajístico, posee una alta importancia ambiental y ecosistémica, al estar rodeado por un bosque de niebla que contribuye a la producción de agua, la captura de carbono y el equilibrio hídrico de la región.

El lugar está envuelto en un halo de misticismo: mitos muiscas, leyendas coloniales y múltiples relatos de fenómenos paranormales han convertido al Salto en un espacio donde confluyen naturaleza, cultura e imaginación popular.

A pocos metros de la cascada se alza la Casa Museo Salto del Tequendama, una antigua mansión de arquitectura señorial que en el pasado funcionó como hotel y que hoy alberga un museo dedicado a la biodiversidad, la historia ambiental y la cultura de la región. Administrado por la Fundación Granja Ecológica El Porvenir, este espacio promueve la educación ambiental y ofrece a los visitantes exposiciones permanentes, talleres, actividades ecológicas y una vista privilegiada del salto.

Sin duda, visitar el Salto del Tequendama es una experiencia integral que conecta al visitante con la historia natural de Colombia, el legado de los pueblos originarios y los esfuerzos actuales por conservar uno de los ecosistemas más valiosos del altiplano cundiboyacense.

El Charquito y la antigua hidroeléctrica: historia, energía y conciencia ambiental

 

Otra opción imperdible para contemplar la majestuosidad del Salto del Tequendama es visitar la vereda El Charquito, ubicada en la zona rural de Soacha. Allí se encuentran las antiguas instalaciones de la hidroeléctrica El Charquito, una joya del patrimonio industrial colombiano que comenzó a operar el 6 de agosto de 1900 y que durante décadas abasteció de energía al centro del país.

Inaugurada a orillas del río Bogotá, esta planta fue la primera hidroeléctrica que suministró electricidad a Bogotá, marcando un hito en la historia de la modernización urbana. Su construcción estuvo a cargo de la empresa Samper Brush & Cía., precursora de la Compañía de Energía Eléctrica de Bogotá. Gracias a esta obra, el tradicional alumbrado a gas fue reemplazado por electricidad, iluminando más de 6.000 bombillos en la capital.

El diseño arquitectónico de la planta se inspiró en la estética industrial europea, particularmente la inglesa, lo que le da un carácter único entre las infraestructuras de su tipo en el país. Desde 2019, fue declarada Bien de Interés Cultural de Colombia, lo que consolida su valor histórico, tecnológico y paisajístico.

La planta se encuentra sobre la vía que conduce de El Charquito al municipio de Mesitas de El Colegio, a tan solo 2,5 kilómetros de la salida de la vereda, lo que facilita su acceso para visitantes interesados en vivir una experiencia que mezcla naturaleza, historia, ingeniería y sostenibilidad.

Centro urbano con identidad y tradición

En la ciudad, aún se conservan casonas que evocan distintas épocas históricas, acompañadas de centros culturales, mercados típicos y restaurantes donde se puede disfrutar de platos tradicionales como almojábanas, garullas, masato, chicha y la clásica picada soachuna.

Soacha no solo invita a descubrir su naturaleza, sino también a conectarse con la historia profunda del altiplano cundiboyacense. Es una experiencia integral que mezcla aventura, cultura y conciencia ambiental.

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