Aunque suele percibirse como una afección dermatológica, la dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica que va mucho más allá de la piel. En Colombia, su impacto alcanza a más de 3.400 personas por cada 100.000 habitantes, afectando su bienestar físico, emocional, social y económico.
La dermatitis atópica es una enfermedad crónica e intermitente que provoca picazón intensa, irritación y enrojecimiento de la piel. A nivel global, afecta cerca del 20 % de los niños y hasta el 10 % de los adultos, aunque su prevalencia varía entre países. En Colombia, se estima que existen 3.415 casos por cada 100.000 habitantes, una cifra que refleja la magnitud de esta condición.
Esta enfermedad está relacionada con una disfunción del sistema inmunológico y una inflamación sistémica que va más allá de los síntomas cutáneos. “Las manifestaciones en la piel son apenas la parte visible de una enfermedad inflamatoria crónica que genera un sufrimiento profundo, con un picor constante que interrumpe el sueño y deteriora la calidad de vida”, explica Lina Mora, gerente médico de Sanofi.
Aunque muchos la consideran una enfermedad “de la piel”, la dermatitis atópica tiene repercusiones significativas en la salud mental, las relaciones sociales y el entorno familiar. Las personas que la padecen tienen un 14 % más de riesgo de desarrollar depresión y un 17 % más de probabilidad de sufrir ansiedad. En los casos severos, hasta un 3 % de los pacientes reporta ideación suicida, lo que pone de manifiesto la gravedad de su impacto psicológico.
Los episodios de estrés, como una mudanza, una ruptura amorosa o las presiones laborales y académicas, pueden agravar los síntomas. Además, los padres y cuidadores de niños con esta condición enfrentan un desgaste emocional constante derivado del cuidado, la preocupación y la frustración frente a las limitaciones del tratamiento.
La carga de la dermatitis atópica no solo afecta a las familias, sino también al sistema de salud. Aunque en Colombia no existen estudios oficiales sobre los costos asociados, la literatura científica indica que los pacientes invierten entre $100.000 y $500.000 pesos mensuales en emolientes y tratamientos coadyuvantes.
En el ámbito educativo y laboral, las consecuencias también son evidentes. Un estudio reveló que el 67 % de los niños con dermatitis atópica falta al colegio al menos un día al año por esta causa. En los adultos, el impacto se traduce en discriminación laboral y una pérdida promedio de 10,9 días de trabajo al año, debido a brotes o complicaciones de la enfermedad.
“La dermatitis atópica no se limita a la piel. Es un trastorno complejo que exige reconocimiento, empatía y un abordaje integral para mejorar la vida de quienes la padecen. Se trata de una enfermedad que trasciende lo visible y que impacta de manera integral la salud física, mental, social y económica de los pacientes y sus familias”, concluye Mora.
Innovación y compromiso con la salud
Sanofi, empresa biofarmacéutica global impulsada por la investigación y el desarrollo y potenciada por la inteligencia artificial, trabaja en el desarrollo de medicamentos y vacunas que mejoran la vida de millones de personas. Su experiencia en inmunología le permite ofrecer soluciones que abordan los desafíos más urgentes en salud, medio ambiente y sociedad.
Guiados por un propósito claro —utilizar los milagros de la ciencia para mejorar la vida de las personas—, Sanofi continúa innovando con un pipeline prometedor que podría beneficiar a millones más en el futuro, reafirmando su compromiso con el progreso y el bienestar global.