El asco moral del poder sin límites

Por Henry Barbosa

Sorprende —y duele— que un país como Estados Unidos no solo elija, sino que proteja, tolere y normalice que el máximo cargo de la nación sea ocupado por un personaje rodeado de sombras tan graves. El caso Trump–Epstein no se puede despachar con fanatismos, ni con aplausos ciegos, ni con el cómodo argumento de que todo es “política” o “persecución”. Aquí no se trata de chismes: se trata de responsabilidades. De relaciones de poder que huelen mal y que, por respeto elemental a la niñez, deben aclararse con verdad y justicia.

Más doloroso aún —dolor de patria— es observar cómo algunos políticos y periodistas colombianos añoran, justifican o incluso celebran el saludo, la cercanía o la admiración hacia un personaje asociado a uno de los mayores escándalos de abuso sexual del mundo. Eso no es pragmatismo político. No es diplomacia. No es realismo. Es asco moral. Y ese asco explica, en buena medida, por qué estamos como estamos: porque se normaliza lo inadmisible y se guarda silencio frente al abuso.

Las imágenes, los registros, las relaciones documentadas exigen preguntas, no silencios cómplices. Cuando se cruzan poder, dinero y posibles víctimas menores de edad, la única respuesta democrática y decente es investigar hasta el fondo, sin contemplaciones y sin ídolos intocables. Ningún cargo, ningún capital, ningún ejército de seguidores puede servir de escudo frente a la verdad.

El caso Trump–Epstein debe abordarse sin fanatismos y sin devociones políticas. No se trata de destruir figuras por conveniencia ideológica, sino de exigir que quienes han detentado el poder respondan por sus vínculos, sus actos y sus omisiones. La justicia no puede arrodillarse ante el dinero ni ante la popularidad.

La niñez no se negocia. Nadie está por encima de la ley: ni por ser millonario, ni por ser presidente, ni por tener millones de seguidores dispuestos a aplaudirlo todo. Rechazo total a cualquier forma de pederastia, encubrimiento o relativización del abuso.

Quien calla, es cómplice.
Quien aplaude, se descalifica.
Y quien tiene poder, que responda ante la justicia.

henrybarbosa@outlook.com