Aunque la región Bogotá-Cundinamarca cuenta con 1,5 millones de hectáreas con potencial agrícola, solo el 18,2 % está en uso. Un nuevo diagnóstico del Sistema de Abastecimiento Regional Agroalimentario (SARA), liderado por la Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca, la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico, la RAP-E Región Central y la FAO, revela las brechas que encarecen lo fresco, precarizan al productor y trazan una hoja de ruta para un sistema agroalimentario más justo hacia 2026.
En Usme, al suroriente de Bogotá, cuando la ciudad aún duerme, María Ramírez empieza la jornada entre neblina y frío. Revisa el riego, corta la hierba y separa en canastillas los brócolis, lechugas, cebollas, kale, espinaca y acelga que cultiva en su huerta. Son alimentos que llegan —muchas veces sin que el consumidor lo sepa— a restaurantes y hogares de los más de 11 millones de habitantes que suman Bogotá y Cundinamarca.
“Ser campesina es donde yo vivo, donde yo trabajo… de donde no quisiera salir nunca”, dice María. El mismo sentir comparte Heiner Alfonso Ramírez Poveda, productor de 30 años de la vereda El Destino, en el Bajo Sumapaz. Para él, “el campo es trabajo duro, pero también tranquilidad y cariño por el territorio”. Junto a otros jóvenes, creó una asociación que hoy reúne a ocho hombres y seis mujeres: producen alimentos, pero también organización y esperanza.
Sus historias abren una pregunta clave rumbo a 2026: ¿por qué, teniendo comida tan cerca, a veces es tan difícil comer fresco y a buen precio en la capital? La respuesta empieza a tomar forma con Aliméntate de Región, el proyecto que puso en marcha el SARA, una radiografía técnica del abastecimiento que identifica qué produce el territorio, cuánto se aprovecha y qué frena un sistema justo.
La gran paradoja: tierra disponible, bajo aprovechamiento
El diagnóstico arranca con un dato contundente: dentro de la frontera agrícola de Bogotá-Cundinamarca hay 1,5 millones de hectáreas, pero solo el 18,2 % está en uso. A ello se suma una alta concentración productiva y baja diversidad: papa, caña panelera, mango, tomate, zanahoria y plátano dominan la producción.
El potencial existe —en tierras, manos y experiencia—, pero no se activa solo sembrando más. Requiere reglas claras, servicios rurales efectivos y mercados que funcionen.
Una despensa estratégica, pero frágil
La región se destaca a nivel nacional por su especialización alimentaria. Cerca del 75 % del área sembrada está dedicada a los alimentos priorizados por Aliméntate de Región, y su producción representa hasta el 95 % de lo cultivado en el territorio.
La despensa ya está identificada: papa, arroz, plátano, maíz, yuca, tomate, zanahoria, cebollas, mango, aguacate, piña, limón y panela; además de carnes, huevo y lácteos. Esta priorización orienta inversiones, diversificación y cercanía del alimento al consumidor.
Pero la fortaleza es frágil. Papa y caña panelera concentran el 58 % del área sembrada y el 80,4 % de la producción (UPRA, 2024). Cuando el clima cambia o suben los insumos, la ciudad siente el impacto en precios y el productor en ingresos inciertos.
Los nudos que encarecen lo fresco
El SARA identifica un sistema ineficiente, insostenible y poco inclusivo, con efectos en ambos extremos: dependencia de alimentos de otras regiones y precios altos para el consumidor; ingresos bajos, poca negociación y presión ambiental para el productor.
- Asistencia técnica insuficiente.
Menos del 10 % de usuarios en Campo Innova y apenas el 2 % de las unidades productivas del III Censo Nacional Agropecuario (DANE, 2014) reciben acompañamiento. Sin apoyo, decisiones sobre plagas, fertilización o adaptación climática se toman a ciegas. - Inocuidad y certificaciones.
En Cundinamarca solo 250 predios están certificados en Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), según el ICA. Es un déficit, pero también una oportunidad para mejorar ingresos y confianza del consumidor. - Débil asociatividad.
Casi el 90 % de productores no pertenece a organizaciones. Esto encarece insumos, reduce poder de negociación y aumenta pérdidas y costos logísticos. - Crédito concentrado.
En 2024, menos del 12 % de medianos y grandes productores concentró el 95 % de los $11,5 billones en créditos de fomento (FINAGRO). El 88 % de pequeños productores accedió solo al 5 %. La brecha de género persiste: 57 % de beneficiarios fueron hombres y 37 % mujeres.
“Si no nos juntamos, nos vamos”, resume Heiner. María es clara: “el precio justo no es caridad; es sostenibilidad”.
La hoja de ruta: acortar distancias, repartir valor
La propuesta hacia 2026 busca acortar el trayecto entre producción y consumo para que el valor del alimento se quede, en mayor medida, en manos de quien lo produce y lo fresco sea más accesible en la ciudad.
¿Cómo se logra?
- Circuitos cortos estables todo el año: plazas, tiendas barriales, restaurantes, mercados campesinos y compras institucionales con demanda segura.
- Logística básica eficiente: centros de acopio, clasificación, almacenamiento y rutas planificadas para reducir pérdidas.
- Información transparente: señalización de origen, plataformas de compra directa y acuerdos de precios claros.
- Servicios rurales y financiamiento equitativos: asistencia técnica constante, BPA, infraestructura productiva, organizaciones fuertes y crédito diseñado para pequeña escala y equidad de género.
Menos kilómetros recorridos significan menos emisiones, más frescura y mejor nutrición. No es romanticismo: es eficiencia.
El propósito 2026: comprar local para cambiar el sistema
El sistema agroalimentario se transforma con decisiones públicas, comunitarias y cotidianas. Comprar local con intención puede cambiar la ecuación: reduce el impacto ambiental, fortalece el empleo rural y hace posible un pago justo.
María y Heiner representan a quienes sostienen la despensa desde las ocho localidades rurales de Bogotá, los 116 municipios de Cundinamarca y los departamentos de Boyacá, Huila, Meta y Tolima. Con evidencia, política pública e inversión, sus historias pueden dejar de ser excepciones y convertirse en la norma de un territorio que se alimenta con justicia.
Cuatro formas de apoyar al campo hoy
- Compra cercano: plazas, mercados campesinos y venta directa. Prioriza productos de Bogotá y Cundinamarca.
- Pregunta por el origen: fomenta trazabilidad y mejores prácticas; recomiéndalos.
- Diversifica tu canasta: elige variedad y temporada; recupera recetas y reduce la dependencia de pocos cultivos.
- Reduce el desperdicio: planifica, ajusta porciones y aprovecha lo que ya tienes.
El cambio empieza en el territorio… y en lo que cada quien decide poner en su mesa.
Fuente: FAO