Un evento climático extremo podría disparar las temperaturas mundiales, intensificar desastres naturales y agravar crisis de agua en varias regiones, incluida Colombia.
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El sistema climático del planeta podría enfrentar una nueva sacudida en los próximos meses. Científicos y meteorólogos alertan sobre la posible formación de un “súper El Niño” entre 2026 y 2027, un fenómeno que elevaría las temperaturas globales y aumentaría la frecuencia de eventos extremos como sequías, inundaciones, huracanes y olas de calor.
De acuerdo con modelos recientes del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio, existe hasta un 80 % de probabilidad de que se desarrolle un evento fuerte de El Niño y cerca de un 22 % de que alcance la categoría de “súper”, una versión poco frecuente pero de alto impacto.
El climatólogo Daniel Swain advirtió que las señales actuales apuntan a un evento “significativo, incluso fuerte o muy fuerte”. En la misma línea, el meteorólogo Ben Noll señaló que este fenómeno podría alterar drásticamente la ubicación, intensidad y frecuencia de sequías, lluvias intensas y ciclones.
¿Qué es El Niño y por qué preocupa?
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El fenómeno de El Niño es una alteración periódica del sistema océano-atmósfera en el Pacífico tropical, que ocurre cada dos a siete años. Se produce cuando los vientos alisios se debilitan y permiten que las aguas cálidas se desplacen hacia el este, elevando la temperatura del océano y modificando los patrones climáticos globales.
Históricamente identificado por pescadores de la costa occidental de Sudamérica, este fenómeno impacta la cadena alimentaria marina y altera el clima en amplias regiones del planeta.
Impactos globales y regionales
Un evento intenso de El Niño suele traducirse en un aumento generalizado de las temperaturas. Este calor adicional, liberado desde el océano hacia la atmósfera, puede amplificar el calentamiento global y desencadenar efectos en cascada:
- Olas de calor más severas en regiones tropicales y subtropicales.
- Sequías prolongadas y presión sobre el suministro de agua en grandes ciudades.
- Lluvias intensas e inundaciones en zonas vulnerables.
- Mayor actividad de huracanes y tormentas en algunos océanos.
En América Latina, los efectos podrían sentirse con fuerza. Países como Colombia enfrentarían riesgos de racionamiento de agua en ciudades como Bogotá, mientras que otras regiones podrían registrar lluvias por encima de lo normal, aumentando el riesgo de deslizamientos.
Un fenómeno amplificado por el cambio climático
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El principal factor de preocupación es la interacción entre El Niño y el calentamiento global. Según expertos, el sistema climático actual, ya sobrecargado por gases de efecto invernadero, tiene menor capacidad para disipar el calor adicional.
El meteorólogo Eric Webb explicó que este exceso de energía podría elevar de forma sostenida la temperatura base del planeta. Un antecedente reciente es el episodio de 2023-2024, que contribuyó a que 2024 fuera el año más cálido registrado.
En esa línea, el climatólogo Zeke Hausfather advierte que un “súper El Niño” podría impulsar a 2027 como el año más caluroso de la historia moderna.
Incertidumbre y vigilancia científica
A pesar de las proyecciones, los expertos subrayan que aún es pronto para conclusiones definitivas. Los pronósticos climáticos realizados a comienzos de año suelen tener mayor margen de error, por lo que será clave el seguimiento en los próximos meses.
Sin embargo, el consenso científico es claro: de confirmarse un evento extremo, sus efectos serían globales, intensos y potencialmente disruptivos, reforzando la urgencia de prepararse frente a un clima cada vez más impredecible.