El mercado de la cocaína en Europa vive una expansión sin precedentes: más incautaciones, más consumo y más laboratorios clandestinos. Un informe de la Agencia Europea de Drogas advierte que la vieja división entre “sur productor y norte consumidor” ya no explica un negocio que hoy es global, complejo y transnacional.

La idea tradicional de un mundo dividido entre un sur productor y un norte consumidor se está desmoronando. Así lo advierte la Agencia Europea de Drogas en su más reciente informe, donde señala que el tráfico de cocaína en Europa ha evolucionado hacia una red global de producción, distribución y reciclaje de rutas criminales.
El documento, presentado en Bruselas junto con la Comisión Europea, revela un aumento explosivo del mercado en la última década. Entre 2014 y 2024, las incautaciones de cocaína en Europa crecieron un 417 %, mientras que en 2024 se registraron alrededor de 330 toneladas interceptadas, frente a 419 toneladas del año anterior. A pesar de la leve caída, el número de incautaciones continúa al alza, reflejando una mayor dispersión del tráfico.
Europa: más cocaína, más laboratorios y nuevas rutas criminales
Uno de los datos más alarmantes del informe es el incremento de infraestructuras de producción dentro del propio continente. En 2024, al menos 42 instalaciones vinculadas a la transformación de cocaína fueron desmanteladas en seis países de la Unión Europea.
Entre ellas, destacan laboratorios especializados en extraer cocaína escondida en materiales como plásticos, una modalidad que evidencia el nivel de sofisticación del crimen organizado.
El informe también alerta sobre el aumento del acetato de etilo, un precursor químico clave en el procesamiento del clorhidrato de cocaína, lo que confirma la consolidación de cadenas logísticas cada vez más complejas dentro de Europa.
18 millones de consumidores: la cocaína se consolida como la segunda droga más usada
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Según el informe europeo, la cocaína es actualmente la segunda droga ilícita más consumida en Europa, solo por detrás del cannabis. En el periodo analizado, 18 millones de personas la consumieron, de las cuales 4,3 millones lo hicieron por primera vez.
Entre los nuevos usuarios, 2,5 millones son adultos jóvenes entre los 15 y los 34 años, un dato que preocupa especialmente a las autoridades sanitarias.
El fenómeno no se limita al consumo recreativo: los registros de tratamiento por drogodependencia muestran que la cocaína se ha convertido en la sustancia principal para un número creciente de pacientes, mientras que el aumento del crack preocupa en comunidades vulnerables y zonas urbanas marginadas.
El mapa global: Europa ya no es solo destino
“Hoy no tiene sentido pensar que los latinoamericanos envían drogas y Europa solo recibe”, explica el analista científico Laurent Laniel, de la Agencia Europea de Drogas.
El experto subraya que el narcotráfico es un sistema transnacional: Europa no solo recibe cocaína, también la redistribuye hacia otras regiones como Australia, mientras exporta MDMA hacia América Latina.
En paralelo, países como Brasil ya figuran entre los principales mercados de consumo, especialmente en el uso de cocaína fumada.

Alianzas, puertos y tecnología: la nueva estrategia europea
Ante este escenario, la Unión Europea ha reforzado su estrategia contra el narcotráfico con una combinación de cooperación internacional, control químico y vigilancia portuaria.
La coordinación operativa está en manos de la Europol, que trabaja junto a países latinoamericanos en el marco de iniciativas como EMPACT, centradas en la identificación de amenazas criminales prioritarias.
Uno de los pilares recientes es la llamada “Alianza de Puertos”, una iniciativa público-privada que busca detectar contenedores contaminados mediante inteligencia y escáneres avanzados.
Entre los puertos integrados se encuentran Guayaquil (Ecuador), Cartagena y Buenaventura (Colombia), y Santos (Brasil), todos nodos estratégicos del comercio marítimo global.
Sin embargo, los expertos advierten que la tecnología no es suficiente. “Los escáneres no son una solución definitiva”, señala Laniel, quien insiste en que el problema requiere cooperación integral y sostenida.
Cooperación internacional: Europa, América Latina y Estados Unidos
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La cooperación con América Latina se ha intensificado en países productores como Colombia, Perú, Brasil y Bolivia, donde se concentran gran parte de las rutas de salida de la cocaína hacia Europa.
En paralelo, la Drug Enforcement Administration (DEA) colabora con países europeos mediante análisis forense de muestras de cocaína para rastrear su origen químico.
Sin embargo, las prioridades difieren: mientras Estados Unidos concentra sus esfuerzos en los opioides y el fentanilo, Europa mantiene el foco en la cocaína y el impacto social del consumo.
Crimen, corrupción y un negocio global imposible de simplificar
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El informe también subraya un factor clave: la corrupción en las cadenas logísticas. El ingreso de grandes cantidades de cocaína a puertos europeos requiere, según los expertos, complicidad interna en distintos niveles de control.
“Cuando entran 300 toneladas a un puerto, se necesita corrupción para sacarlas”, advierte Laniel, subrayando la complejidad del sistema.
El fenómeno, concluye el informe, no puede reducirse a una narrativa simplista. La pobreza, la desigualdad en el acceso a la tierra y las dinámicas económicas globales alimentan un mercado que conecta Europa, África y América Latina.
Un negocio que sigue creciendo pese a los controles
A pesar de los esfuerzos regulatorios y policiales, la expansión del consumo y la diversificación de rutas indican que el mercado de la cocaína sigue en crecimiento.
La EUDA insiste en que cualquier política —incluida la legalización parcial del cannabis en algunos países europeos— debe ir acompañada de sistemas de evaluación rigurosos para medir su impacto real.
En un escenario donde las rutas se multiplican y el consumo se expande, Europa enfrenta un desafío estructural: contener un mercado que ya no es regional, sino global, flexible y profundamente integrado en la economía ilícita mundial.