SOACHA: O votamos bien o nos jodemos

Por Ángel Humberto Tarquino**

Una somera revisión de la gestión del Concejo Municipal de Soacha durante los últimos veinte años arroja un balance desolador. En materia de iniciativas propias, control político y decisiones orientadas a mejorar el bienestar de la ciudadanía, la corporación tiene una deuda histórica con el municipio.

Durante dos décadas, el Concejo integrado por la representación de los partidos tradicionales parece haberse limitado a presenciar los cambios de gobierno, acomodarse a las nuevas administraciones, respaldarlas incondicionalmente y aprobar a diestra y siniestra buena parte de los proyectos de acuerdo presentados por los alcaldes de turno.

La docilidad política de los concejos de todos estos años contrasta con la responsabilidad que les corresponde ejercer como representantes de la ciudadanía y que, en no pocas ocasiones, ha terminado favoreciendo poderosos intereses económicos particulares y de sectores de la política local y departamental por encima de la solución de las necesidades y problemas de las comunidades que dicen representar.

En el actual mosaico de concejales que hoy ocupa las curules, varios aspiran a perpetuarse en el poder mediante una tercera, cuarta o hasta quinta elección. Pretenden renovar la confianza ciudadana sin que sus trayectorias exhiban de manera suficientemente clara, iniciativas propias de impacto significativo, resultados verificables o aportes transformadores que justifiquen semejante insistencia en permanecer en el cargo.

Por el contrario, los proyectos de acuerdo más polémicos y que más perjuicios, alto endeudamiento público y el reiterado aplazamiento a la solución de las problemáticas más graves de la ciudad que hasta el presente han tenido que sufrir y asumir los contribuyentes, han contado con el vergonzoso beneplácito y respaldo de la mayoría de sus integrantes.

Cabe preguntar en estos tiempos de elecciones; ¿Con qué autoridad política y moral reclamaran nuevamente el apoyo de los ciudadanos cuando no se pueden mostrar resultados proporcionales a tantos años de representación pública? ¿Acaso pretenden hacer creer que ocupar repetidamente una curul constituye un mérito en sí mismo? ¿O el ejercicio de la política debe evaluarse por sus resultados, su compromiso con el interés general y su capacidad para mejorar las condiciones de vida de la población?

El problema no se reduce solamente a los nombres de quienes han desfilado por el concejo. También tiene que ver con las prácticas, los métodos y las estructuras de poder en las que han convertido la política municipal en un escenario de acuerdos entre dirigentes, respaldos mutuos y cálculos electorales, mientras los problemas de la ciudadanía continúan acumulándose.

La representación política no puede seguir entendiéndose como un patrimonio personal ni como una oportunidad para prolongar indefinidamente la permanencia en los cargos públicos.

Soacha necesita un Concejo que ejerza control político real, debata con independencia, investigue las decisiones del gobierno municipal y promueva acuerdos que respondan a las necesidades del territorio, no a las conveniencias de quienes detentan el poder. Necesita concejales capaces de disentir, denunciar, proponer y rendir cuentas, incluso cuando hacerlo incomode a sus aliados políticos.

Por eso, la renovación del Concejo Municipal no puede ser un simple relevo de nombres para que todo siga igual. Tiene que representar una ruptura con las viejas formas de hacer política, con el clientelismo, con la subordinación al poder ejecutivo y con la utilización de la representación ciudadana para satisfacer intereses particulares.

En las próximas elecciones, los ciudadanos tendrán que decidir si premian la inercia y la permanencia indefinida de los mismos de siempre, o si se atreven a abrirle paso a una representación política nueva y distinta. Porque votar no es un acto rutinario ni una obligación que se cumple cada cuatro años: es una decisión que involucra un alto grado de responsabilidad ciudadana que compromete el futuro de la ciudad. Y cuando elegimos sin memoria, sin criterio y sin exigir resultados, terminamos legitimando aquello mismo de lo que después nos quejamos. La advertencia es tan sencilla como contundente: o votamos bien, con memoria y responsabilidad, o nos jodemos otros cuatro años más.

ahtarquinog@gmail.com

**Ángel Humberto Tarquino (Soacha, 1960), sociólogo, docente, escritor, historiador, periodista y columnista de SOACHA ILUSTRADA.

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