Controversia por el puente Tibanica: obra vial intervendrá el último humedal del sur de Bogotá

La construcción del puente Tibanica, que conectará a Bosa con Soacha, contempla intervenir el humedal del mismo nombre, último ecosistema de la localidad. Ambientalistas denuncian degradación previa y ausencia de licencia ambiental para el proyecto.

El Humedal Tibanica, ubicado en el límite entre la localidad de Bosa (Bogotá) y el sector de Ciudad Verde en Soacha, será intervenido como parte de la construcción del puente vehicular Tibanica, una de las obras viales más ambiciosas anunciadas en la Región Metropolitana Bogotá–Cundinamarca. Sin embargo, la decisión ha generado controversia por el impacto ambiental que podría tener sobre el último sistema ecológico del sur de la capital.

De acuerdo con líderes comunitarios y organizaciones ambientales, el humedal ya enfrenta una grave degradación ambiental producto de la sequía, la invasión de especies como el pasto kikuyo, la disposición inadecuada de basuras, los focos de incendio y el relleno con escombros. En la década del 90 una gran parte del humedal fue invadido, rellenado y loteado por grupos de Tierreros, los cuales, según denuncias ciudadanas, habrían loteado con complicidad en su momento de autoridades de Soacha sectores como La María, Los Olivos, Juan Pablo I y León XIII Dos, lo que alteró de manera significativa el ecosistema y redujo la capacidad del humedal de cumplir sus funciones ecológicas.

Resolución 1369 de 2025 desata críticas

La polémica se agudizó tras la expedición de la Resolución 1369 de 2025 por parte del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), que declara la utilidad pública del proyecto de conexión vial y espacio público sobre la quebrada y el humedal Tibanica. El documento delimita el área de intervención y habilita la gestión predial para avanzar en el proyecto.

La medida sorprendió a ambientalistas, ecologistas y habitantes de la zona que se han encargado de cuidar lo que queda del ecosistema. Los defensores del humedal advierten que la obra aún no cuenta con licencia ambiental, un requisito indispensable para definir medidas de compensación y mitigación de impacto.

La construcción de este puente no es nueva. Desde 2012, el proyecto ha estado en la agenda de las administraciones distritales, como parte de los compromisos del Gobierno de la época con los urbanizadores del megaproyecto Ciudad Verde en Soacha. Posteriormente, las alcaldías de Enrique Peñalosa y Claudia López lo retomaron dentro de sus planes de ampliar el sistema TransMilenio por la Avenida Ciudad de Cali, lo que lo convirtió en una pieza clave de la expansión de la infraestructura vial del suroccidente de la capital.

En 2018, operarios del Distrito realizaron perforaciones con maquinaria dentro del humedal para adelantar estudios de suelos, lo que generó rechazo inmediato de ambientalistas y ecologistas, quienes denunciaron el inicio de afectaciones sobre el ecosistema pese a que el proyecto no contaba con licencia ambiental.

Un ecosistema en riesgo

El Humedal Tibanica, parte de la Estructura Ecológica Principal de Bogotá, ha sido históricamente un espacio de refugio para aves y otras especies de fauna urbana. Su degradación ha reducido drásticamente el hábitat disponible y ha puesto en riesgo su capacidad de regular el agua, mitigar inundaciones y servir como pulmón ambiental para el sur de la ciudad.

La intervención para construir el puente se suma a este escenario de deterioro, lo que para organizaciones ambientales representa un riesgo de pérdida definitiva del ecosistema. Reclaman que cualquier desarrollo vial debe contemplar no solo medidas de mitigación, sino también un plan de restauración ecológica.

Movilidad vs. conservación

El puente Tibanica busca beneficiar a más de 1,5 millones de personas que se movilizan diariamente entre Bogotá y Soacha, ofreciendo una alternativa a la saturada Autopista Sur. No obstante, el costo ambiental del proyecto pone sobre la mesa la tensión entre las necesidades de infraestructura y la obligación de preservar los ecosistemas urbanos.

Ambientalistas y habitantes han hecho un llamado a las autoridades locales, al Ministerio de Ambiente y a la CAR, para que se pronuncien y garanticen que cualquier intervención se realice bajo un marco de licencia ambiental, estudios técnicos y participación comunitaria, evitando que el desarrollo vial implique la desaparición del último humedal de Bosa.

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