Jóvenes sin voto: las razones detrás de la desconexión política en Colombia

Aunque la participación juvenil ha crecido en escenarios puntuales, expertos advierten que persisten fallas estructurales en la formación ciudadana, el acceso a información confiable y la conexión con la política institucional.

La baja participación electoral de los jóvenes en Colombia no es sinónimo automático de apatía. Detrás de este fenómeno hay una combinación de factores estructurales que explican por qué, pese a su capacidad de movilización, muchos no logran traducir ese interés en voto informado ni en participación sostenida.

Un ejemplo reciente lo confirma: en las elecciones de Consejos Municipales y Locales de Juventud de 2025, la Registraduría Nacional del Estado Civil reportó más de 1,5 millones de votantes jóvenes, lo que representó un aumento del 18,44 % frente a 2021. Sin embargo, este avance no logra cerrar la brecha histórica entre juventudes, representación política y toma de decisiones.

Una desconexión que se construye desde la formación

Aura Natalia Pineda Sáenz

Para Aura Natalia Pineda Sáenz, directora de la Licenciatura virtual en Ciencias Sociales de Fundación Universitaria del Área Andina, existen tres causas de fondo: erosión política, déficits en la comunicación territorial y ausencia de pedagogía sobre el funcionamiento del Estado.

“El problema central es la falta de un trabajo pedagógico que explique cómo funciona el país”, señala. Sin ese conocimiento, la política se percibe como lejana, abstracta o irrelevante, incluso entre quienes muestran interés por los asuntos públicos.

Esta desconexión comienza en etapas tempranas. Aunque la Constitución Política de Colombia de 1991 y la Ley 115 de 1994 promovieron mecanismos de participación como los gobiernos escolares, en muchos casos estos espacios han perdido impacto real. Se eligen representantes, pero sin incidencia concreta ni seguimiento, lo que refuerza la idea de que participar es un trámite y no una herramienta de cambio.

Redes sociales: entre información y desinformación

El entorno digital también juega un papel determinante. Con más de 36,8 millones de identidades en redes sociales en el país, plataformas como X, Instagram y TikTok concentran buena parte del consumo político juvenil.

En estos espacios conviven noticias verificadas con contenidos fragmentados, desinformación, fake news y deepfakes, diseñados muchas veces para generar reacción inmediata más que comprensión. El riesgo no es solo creer información falsa, sino construir opiniones políticas a partir de fragmentos virales sin contexto.

Claves para un voto informado en 2026

De cara a los próximos procesos electorales, expertos plantean tres recomendaciones básicas para los jóvenes votantes:

  1. Ir más allá del contenido superficial
    Revisar los programas de gobierno permite entender las propuestas reales de los candidatos, su diagnóstico del país y la coherencia entre problemas y soluciones.
  2. Analizar trayectoria y coherencia
    No basta con escuchar promesas de campaña. Es clave revisar la experiencia previa, los cargos ocupados y la consistencia entre lo que el candidato ha dicho y lo que ha hecho.
  3. Verificar antes de compartir
    Contrastar información en fuentes confiables y acudir a verificadores como EFE Verifica, Newtral, Infoveritas, Verificat o Fact Check Explorer ayuda a reducir la desinformación. La regla es clara: no compartir sin verificar.

También es fundamental aprender a identificar señales de alerta, como titulares alarmistas, audios sin contexto, videos demasiado cortos o inconsistencias visuales en contenidos manipulados.

Más allá del voto: otras formas de participación

La participación juvenil no se limita a las urnas. Espacios como cabildos abiertos, veedurías ciudadanas, consejos de juventud, colectivos barriales y movimientos estudiantiles siguen siendo escenarios legítimos de incidencia.

El reto, concluyen los expertos, es lograr que esa capacidad de movilización se conecte de manera efectiva con mecanismos permanentes de decisión, control y seguimiento. Solo así se podrá cerrar la brecha entre el interés juvenil y su impacto real en la vida democrática del país.