De Las Madres de la Plaza de Mayo a Las Cuchas de Soacha 

Mi mamá y muchas de nosotros son también como las Madres de Soacha, que han sido símbolo de dignidad, resistencia y lucha por la verdad, buscando justicia por sus hijos asesinados entre 2006 y 2009.

Por Juan Miguel Rojas

En el mes de las madres recordamos y exaltamos lo que significa esa persona en la vida de cada uno. Esa mamá que es nuestra casa, un refugio, la que nos hace volver una y otra vez, en la noche, en la madrugada, esa que es la galaxia que nos rodea, la que tiene un corazón tan increíblemente inmenso como el océano, una mujer que es una tropa de soldados en la montaña, que es atómica, nuclear, todo.

La mamá de nosotros es como Azucena Villaflor, creadora y propulsora de Las Madres de Plaza de Mayo, organización argentina conformada el 30 de abril de 1977 por mujeres que buscaban a sus hijos e hijas desaparecidas durante la dictadura militar de Jorge Rafael Videla que ocurrió entre 1976 y 1983.

Las madres comenzaron a reunirse en la Plaza de Mayo, contigua a la Casa Rosada, Buenos Aires, desde ese sábado 30 de abril, comandadas por Azucena se organizaban y pedían a las autoridades por sus hijos desaparecidos.

Azucena Villaflor luchó con todas sus fuerzas por encontrar a su hijo Néstor, desaparecido en 1976, se fue contra la dictadura, nunca dio su brazo a torcer y fue una bengala en la oscuridad de la selva para otras madres.

Azucena fue secuestrada por un grupo de tareas el 10 de diciembre de 1977 en Sarandí, fue llevada al centro clandestino ESMA y luego arrojada viva al mar en los «vuelos de la muerte».

Las madres sumaron su fuerza con la de Azucena y siguieron la lucha, en 1980 hicieron la primera marcha de la resistencia, en la que caminaron alrededor de la Plaza de Mayo por 24 horas.

Después de la dictadura, las madres siguieron marchando y alzando la voz por sus hijos, un acto incansable que hoy en día sigue en el legado de sus hijas, nietas, sobrinas, que siguen yendo a la Plaza de Mayo todos los jueves de cada semana, a las 3:30 de la tarde.

Mi mamá y muchas de nosotros son también como las Madres de Soacha, que han sido símbolo de dignidad, resistencia y lucha por la verdad, buscando justicia por sus hijos asesinados entre 2006 y 2009.

En el periodo presidencial de Álvaro Uribe Vélez se produjeron asesinatos de jóvenes, ejecuciones extrajudiciales por parte del Ejército Nacional que presentaban como bajas en combate. Asesinatos para conseguir descansos, condecoraciones, retribuciones económicas o éxitos militares en el marco de la política de Seguridad Democrática del gobierno de Uribe Vélez.

A 19 muchachos se los llevaron prometiéndoles trabajo, los asesinaron y los hicieron pasar como guerrilleros, muchachos de Soacha y Bogotá, de madres que los vieron salir y desaparecer entre la neblina en un viaje sin regreso. Madres que alzaron la voz y denunciaron los asesinatos, y que llevan 10 años luchando contra la impunidad.

Madres que no han descansado en su labor como madres, que ya han conseguido condenas y que esperan que los máximos responsables caigan y cuenten toda la verdad.

Madres argentinas que lucharon por sus hijos, madres colombianas que aún siguen luchando, voces que conviven y sobreviven en una sola fuerza femenina capaz de cuidar acá y más allá de la neblina.

Para mí, mi mamá es como Azucena Villaflor, como las Cuchas de Soacha, porque se levanta cada día para ser una luz fulminante que desaparece sombras, porque sé que hubiera hecho lo mismo por mí, porque no se fragmenta, porque lo hace todo.

Fuente: El Quindiano