“Nada va bien en un sistema político en el que las palabras contradicen a los hechos”. Napoleón Bonaparte
Por Ángel Humberto Tarquino**
La gran prensa, subordinada a los más poderosos conglomerados económicos del país; buena parte de las instituciones financieras privadas y sus gremios; sectores de los poderes públicos; los poderes políticos nacionales y regionales, así como la mayoría de las dirigencias políticas locales, actuaron durante estos cuatro años como caja de resonancia de un relato construido por la extrema derecha para minimizar, distorsionar o negar los logros del gobierno del Pacto Histórico, liderado por el presidente Gustavo Petro.
Ese relato intentará, por todos los medios, borrar un legado que, si bien no estuvo exento de errores, limitaciones y decisiones discutibles, no desvirtúa lo que, para millones de colombianos, constituye la gestión gubernamental más transformadora que haya tenido el país en el último siglo.
Contra el sentido común promovido por sus detractores, contra la lógica de quienes apostaron al fracaso del cambio y, sobre todo, contra la evidencia de los hechos, los resultados del gobierno no pueden reducirse a un debate ideológico. Se expresan en obras concretas, inversiones históricas, programas sociales, reformas institucionales y políticas públicas que fueron concebidas, financiadas, ejecutadas y entregadas pese a la permanente oposición de quienes hicieron del odio político su principal estrategia.
Las obras tienen la virtud de sobrevivir a la propaganda. Mientras los discursos se desvanecen con el paso del tiempo, las carreteras, los hospitales, las escuelas, la inversión social, la ampliación de derechos y las oportunidades creadas para millones de colombianos permanecen como testimonio de una voluntad política orientada a transformar las condiciones de vida de la población.
Por eso, más allá de las campañas de desinformación y de los intentos por reescribir la historia, en el corazón de millones de colombianos quedará grabado el compromiso, la responsabilidad, la coherencia y, sobre todo, la convicción de un líder que gobernó con la firme determinación de cumplir la palabra empeñada y de colocar al Estado al servicio de quienes durante décadas fueron excluidos de las prioridades nacionales.
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Las numerosas y multitudinarias concentraciones populares que despidieron al presidente Petro en diferentes lugares del país, son una muestra contundente e irrefutable del amor y apoyo que despertó en el pueblo colombiano su actuación política. Al final, la historia suele ser menos complaciente con la propaganda que con los hechos. Porque, como reza el viejo adagio, obras son amores y no buenas razones.
Solo resta esperar que esas expresiones de júbilo, pero también de lágrimas y tristeza, que miles de colombianos dejaron escapar en Soacha durante la despedida de su líder, se transformen en el impulso necesario para construir la mayor unidad posible entre todos los sectores sociales de nuestra ciudad.
Solo una relación fraterna, basada en el respeto mutuo, el reconocimiento de las diferencias y la defensa de los intereses colectivos, permitirá consolidar, por primera vez, una verdadera alternativa de gobierno capaz de rescatar la ciudad de las garras de una clase política decadente que, durante décadas, ha antepuesto sus intereses particulares y electorales al bienestar general de la población.
Ese debe ser el gran propósito de cara a las elecciones territoriales de 2027: convertir el dolor, la esperanza y la voluntad de cambio en una fuerza ciudadana capaz de inaugurar una nueva etapa para la ciudad, sustentada en la transparencia, la participación y el compromiso con el interés público.
**Ángel Humberto Tarquino (Soacha, 1960), sociólogo, docente, escritor, historiador, periodista y columnista de SOACHA ILUSTRADA.