SOACHA: ¿El POT para qué?

Por Ángel Humberto Tarquino**

Después de 26 años sin un Plan de Ordenamiento Territorial, ahora pretenden convencernos de que el POT en las condiciones que ha sido aprobado, será la gran solución para sacar a Soacha del caos urbano, el desorden territorial y el atraso. Eso repiten sus creadores y sus defensores.

¿De qué sirve el mejor POT del mundo si quienes han tenido que aplicarlo son los mismos que durante décadas han permitido, promovido y tolerado el desastre territorial que hoy pretenden corregir? El problema de Soacha nunca ha sido únicamente la ausencia de un instrumento de planificación. El problema ha sido y es la ausencia de una verdadera política de territorio.

Durante décadas, la ciudad creció sin una visión colectiva de futuro capaz de poner límites a los intereses económicos y políticos particulares que terminaron imponiéndose sobre el interés general.

Un POT no gobierna, gobiernan los alcaldes, los concejales, los funcionarios, gobiernan los intereses económicos. Y gobiernan también los ciudadanos cuando deciden participar o cuando, por indiferencia o desencanto, renuncian a hacerlo. Una ciudad gobernada de espaldas a su territorio.

Soacha no llegó a la situación actual por accidente. El territorio no se destruyó solo, la ciudad no creció caóticamente por generación espontánea, los humedales no se deterioraron solos, los corredores ambientales no se ocuparon solos, y sobre todo la expansión urbana no ocurrió sin decisiones políticas. Alguien autorizó, alguien firmó alguien aprobó, alguien vigiló.

Un territorio puede tener excelentes instrumentos de planificación y, aun así, ser destruido por malos gobiernos. Porque el papel aguanta todo. También aguanta los discursos sobre sostenibilidad, desarrollo equilibrado, protección ambiental, vivienda digna, movilidad, espacio público y bienestar colectivo. Lo verdaderamente difícil es hacer cumplir esas palabras.

Y más difícil aún es enfrentar a quienes consideran el territorio como una mercancía y no un patrimonio colectivo. Ahí es donde históricamente ha fallado buena parte de nuestra dirigencia política. El poder antes que el territorio.

Durante años Soacha siempre ha sido administrada, como una plataforma para conquistar y conservar poder político. Alcaldías, concejos, burocracias, contratos, alianzas electorales y estructuras clientelistas terminaron convirtiéndose, en no pocos casos, en instrumentos de reproducción del poder.

Mientras creció la ciudad, la población, los barrios, la pobreza, la desigualdad, el déficit de infraestructura, los problemas de movilidad, la presión sobre los ecosistemas también creció la distancia entre quienes han gobernado, y quienes hoy padecen las consecuencias de sus decisiones.

Los que llegaron a gobernar Soacha no construyeron una relación profunda con el territorio, gobernaron y se fueron. Unos buscando reconocimiento político; otros construyendo carreras burocráticas; otros fortaleciendo estructuras electorales. Pero una cosa es gobernar un municipio y otra muy diferente es sentir que ese territorio también nos pertenece y que su destrucción compromete nuestro propio futuro.

¿Y dónde ha estado el Concejo Municipal durante estos años en el debate sobre el modelo de ciudad? ¿dónde están sus iniciativas para proteger el territorio? ¿dónde estuvo el control político cuando el crecimiento urbano avanzaba sin las suficientes condiciones de infraestructura, movilidad, equipamientos y protección ambiental? ¿dónde estuvieron los concejales cuando las comunidades reclamaban?

Pero si la principal preocupación de los representantes políticos de la sociedad consiste en conservar la curul y garantizar la siguiente elección, entonces el ejercicio de la política termina reducido a una maquinaria de supervivencia electoral. Y así, elección tras elección, algunos se reeligen mientras la ciudad sigue esperando. Buena parte de la política local ha funcionado bajo una lógica elemental: votos a cambio de favores, apoyos a cambio de cuotas, lealtades a cambio de burocracia.

Pero algo está cambiando Y aquí aparece la esperanza porque la ciudadanía ya no es exactamente la misma. Cada vez son más los ciudadanos y organizaciones que cuestionan, participan, investigan, denuncian y reclaman su derecho a intervenir en las decisiones que afectan el territorio. Procesos ambientales, comunitarios, culturales, juveniles, indígenas, de mujeres y de otros sectores sociales están demostrando que la política no puede continuar siendo patrimonio exclusivo de quienes viven de ella.

Ese despertar ciudadano puede ser mucho más importante que cualquier POT. Porque el territorio comienza a defenderse cuando sus habitantes dejan de comportarse como espectadores y empiezan a actuar como ciudadanos. Y quizás ese sea el verdadero comienzo del cambio que Soacha necesita. Necesitamos un POT que pueda ser discutido, cuestionado y vigilado por la ciudadanía.

Necesitamos un POT que no termine legitimando el crecimiento descontrolado, la depredación ambiental o la subordinación del territorio a intereses económicos. Necesitamos un POT que entienda que Soacha no puede seguir creciendo simplemente porque existan terrenos disponibles para urbanizar. Y, sobre todo, necesitamos gobernantes que entiendan que ordenar el territorio no significa ordenar el territorio para los poderosos.

Está en las manos de quienes lo aprobaron, de quienes lo ejecutarán, de quienes deberán vigilarlo y, sobre todo, de una ciudadanía que tendrá que impedir que el futuro de Soacha vuelva a negociarse a sus espaldas. No basta con elegir, hay que participar, No basta con reclamar, hay que organizarse. No basta con indignarse, hay que ejercer ciudadanía, Soacha no necesita solamente un nuevo POT, necesita una nueva relación entre el poder, la política y el territorio. Y esa transformación no la va a producir ningún documento, la tendrán que producir sus ciudadanos.

Porque al final, el verdadero ordenamiento territorial no comienza en un plano. Comienza cuando una sociedad decide que su territorio no está en venta. Y esta vez la palabra no puede quedar en manos de los mismos de siempre. Los ciudadanos tienen la palabra.

ahtarquinog@gmail.com

**Ángel Humberto Tarquino (Soacha, 1960), sociólogo, docente, escritor, historiador, periodista y columnista de SOACHA ILUSTRADA.

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